Como parte de actividades hacia Cumbre Asia Pacifico APEC 2017 Ho Chi Minh City, Vietnam, Sobre Cambio climatico, Agricultura, Pesca. En cuenta es consenso mundial que la Comunidad campesina -. Ayllu es Unica. En base documentos basicos presentados sobre la Participacion comunitaria en Salud y de la Atencion Primaria de Salud. Base conceptual de Objetivos Sostenibles del Milenio en cuanto agricultura y pequeña industria, y recordando Segundo Plan Quinquenal de Le Duan en la Republica socialista de Vietnam. Documento puesto a consideracion Health and Human Rights Harvard  Enviaremos formalmente Carta abierta a la UNESCO solicitando el Ayllu sea declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad.

AVISO:
El trabajo representó la principal actividad del imperio incaico y presentó estas formas: 

MITA 

Era un sistema de trabajo de reciprocidad familiar entre los miembros del ayllu, destinado a trabajos agrícolas y a las construcciones de casas. 
Consistía en la ayuda de trabajos que hacía un grupo de personas a miembros de una familia, con la condición que esta correspondiera de igual forma cuando ellos la necesitaran.
En retribución se servían comida y bebida durante los días que se realizaba el trabajo. Esta tradición continúa en muchas comunidades campesinas del Perú, ayudándose en las labores de cocina, pastoreo y construcción de viviendas.

MINKA LA MINKA, O MINGA

ES EL TRABAJO QUE SE REALIZABA EN OBRAS A FAVOR DEL ESTADO, UN IMPUESTO EN TRABAJO Y POR TURNO, QUE TENÍA POR BENEFICIARIO AL INKA , DONDE CONCURRÍAN MUCHAS FAMILIAS PORTANDO SUS PROPIAS HERRAMIENTAS Y ALIMENTO. 

LAS FAMILIAS PARTICIPABAN EN LA CONSTRUCCIÓN DE LOCALES, CANALES DE RIEGO, FORTALEZAS, MINAS, CULTIVO DE TIERRAS ESTATALES, ASÍ COMO LA AYUDA EN LA CHACRA DE LAS PERSONAS INCAPACITADAS, HUÉRFANOS Y ANCIANOS. 

CUANDO EL INKA CONVOCABA AL TRABAJO DE LA MINKA, LAS PERSONAS QUE NO ASISTÍAN AL TRABAJO ERAN EXPULSADOS DEL AYLLU Y PERDÍAN SU DERECHO A LA TIERRA.

EL ESTADO SE DEFINE COMO TERRITORIO, FUNCIONARIOS E IMPUESTOS, NACE EN LA REGION ANDINA CON LA CULTURA CHAVIN Y EL CULTO A LA DIOSA DE LAS VARAS, QUE FIGURA EN LA PORTADA DEL SOL DE TIAHUANACO, Y QUE LOS SACERDOTES CHAVIN SE ENCARGARON DE DIFUNDIR PARA GARANTIZAR EL PEREGRINAJE AL SANTUARIO DE LAS CABEZAS CLAVAS Y EL LANZON MONOLITICO.

El Ayllu como organizacion andina preinca, y la mita o trabajo colectivo nace en las Cuevas de Luricocha hace 15000 años, fueron responsables de la domesticacion de papa y maiz, de la preparacion de la pachamanka y el aji, y de la domesticacion de los auquenidos.
Progresivamente, lograron los bancales como señalaba Duccio Bonavia (EDUBANCO, Banco Continental), mal llamados andenes y luego los canales de riego, y asimismo de los la especializacion  por familias en oficios desde recoleccion de mariscos y pesca, pasando por ceramicas y orfebreria, y textiles, todos de reconocida originalidad y calidad, que caracterizan a los Señorios o Estados Paracas Nazca, Moche, Chimu.
El Ayllu se mantuvo hasta la Revolucion de Tupac Anaru II en que fueron organizados los corregimientos y destituidos sus autoridades, que servian de base en la Minka, primero al Imperio Inka y luego al Virreynato.
Cuentan que en las reparticiones, un conquistador organizo una caravana de auquenidos con una carga de minerales, en la muy antugua ruta de las minas de mercurio de Huancavelica a las minas de oro en Potosi, lo que muy posteriormente vino en llamarse la ruta de Tupac Amaru.
Llegando a Potosi, el susodicho vendio todos los minerales y vendio 100,000 auquenidos como charqui o carne seca, desorganzando de un solo golpe de mano el sistema comercial sur andino. Si bien desde un inicio la poblacion andina se le hizo trabajr en las minas liquidadndo la fuerza de trabajo, estas tendencias se hicieron casi irreversibles con la destruccion del Ayllu, sistema productivo agricola pues se desorgaizaron la agricultura, y el mantenimiento de caminos e infraestructuras de riego.
A raiz de la muerte de Tupac Amaru II, su familia y su sangre, y sus seguidores en el Altiplano y en la Selva central, ocurrida en 1789, cuentan las leyendas y mitos, que ocurrira la epoca del Inkarri, que las partes de Tupac Amaru II se volveran a juntar y el Tawantinsuyo renacera como  Illariy y esto ha empezando a ocurrir en lucha con la oscuridad, tal como dice la leyenda, desde hace 200 años despues.
A continuacion un testimonio de los descrito desde 1925:
José Carlos Mariátegui. 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana
III.El problema de la tierra: 
EL PROBLEMA AGRARIO Y EL PROBLEMA DEL INDIO
LA "COMUNIDAD" Y EL LATIFUNDIO
La defensa de la "comunidad" indígena no reposa en principios abstractos de justicia ni en sentimentales consideraciones tradicionalistas, sino en razones concretas y prácticas de orden económico y social. La propiedad comunal no representa en el Perú una economía primitiva a la que haya reemplazado gradualmente una economía progresiva fundada de la propiedad individual. No; las comunidades han sido despojadas de sus tierras en provecho del latifundio feudal o semifeudal, constitucionalmente incapaz de progreso técnico (18).
En la costa, el latifundio ha evolucionado -desde el punto de vista de los cultivos-, de la rutina feudal a la técnica capitalista, mientras la comunidad indígena ha desaparecido como explotación comunista de la tierra. Pero en la sierra, el latifundio ha conservado íntegramente su carácter feudal, oponiendo una resistencia mucho mayor que la "comunidad" al desenvolvimiento de la economía capitalista. La "comunidad", en efecto, cuando se ha articulado, por el paso de un ferrocarril, con el sistema comercial y las vías de transporte centrales, ha llegado a transformarse espontáneamente, en una cooperativa.
Castro Pozo, que como jefe de la sección de asuntos indígenas del Ministerio de Fomento acopió abundantes datos sobre la vida de las comunidades, señala y destaca el sugestivo caso de la parcialidad de Muquiyauyo, de la cual dice que presenta los caracteres de las cooperativas de producción, consumo y crédito. "Dueña de una magnífica instalación o planta eléctrica en las orillas del Mantaro, por medio de la cual proporciona luz y fuerza motriz, para pequeñas industrias a los distritos de Jauja, Concepción, Mito, Muqui, Sincos, Huaripampa y Muquiyauyo, se ha transformado en la institución comunal por excelencia; en la que no se han relajado sus costumbres indígenas, y antes bien han aprove-chado de ellas para llevar a cabo la obra de la empresa; han sabido disponer del dinero que poseían empleándolo en la adquisición de las grandes maquinarias y ahorrado el valor de la mano de obra que la parcialidad ha ejecutado, lo mismo que si se tratara de la construcción de un edificio comunal: por mingas en las que hasta las mujeres y niños han sido elementos útiles en el acarreo de los materiales de construcción" (19).
La comparación de la "comunidad" y el latifundio como empresa de producción agrícola, es desfavorable para el latifundio. Dentro del régimen capitalista, la gran propiedad sustituye y desaloja a la pequeña propiedad agrícola por su aptitud para intensificar la producción mediante el empleo de una técnica avanzada de cultivo. La industrialización de la agricultura, trae aparejada la concentración de la propiedad agraria. La gran propiedad aparece entonces justificada por el interés de la producción, identificado, teóricamente por lo menos, con el interés de la sociedad. Pero el latifundio no tiene el mismo efecto, ni responde, por consiguiente, a una necesidad económica. Salvo los casos de las haciendas de caña -que se dedican a la producción de aguardiente con destino a la intoxicación y embrutecimiento del campesino indígena-, los cultivos de los latifundios serranos son generalmente los mismos de las comunidades. Y las cifras de la producción no difieren. La falta de estadística agrícola no permite establecer con exactitud las diferencias parciales; pero todos los datos disponibles autorizan a sostener que los rendimientos de los cultivos de las comunidades, no son, en su promedio, inferiores a los cultivos de los latifundios.
La única estadística de producción de la sierra, la del trigo, sufraga esta conclusión. Castro Pozo, resumiendo los datos de esta estadística en 1917­p;18, escribe lo siguiente: "La cosecha resultó, término medio, en 450 y 580 kilos por cada hectárea para la propiedad comunal e individual, respectivamente. Si se tiene en cuenta que las mejores tierras de producción han pasado a poder de los terratenientes, pues la lucha por aquéllas en los departamentos del Sur ha llegado hasta el extremo de eliminar al poseedor indígena por la violencia o masacrándolo, y que la ignorancia del comunero lo lleva de preferencia a ocultar los datos exactos relativos al monto de la cosecha, disminuyéndola por temor de nuevos impuestos o exacciones de parte de las autoridades políticas subalternas o recaudadores de éstos; se colegirá fácilmente que la diferencia en la producción por hectárea a favor del bien de la propiedad individual no es exacta y que razonablemente, se la debe dar por no existente, por cuanto los medios de producción y de cultivo, en una y otras propiedades, son idénticos"(20).
En la Rusia feudal del siglo pasado, el latifundio tenía rendimientos mayores que los de la pequeña propiedad. Las cifras en hectolitros y por hectárea eran las siguientes: para el centeno: 11.5 contra 9.4; para el trigo: 11 contra 9.1; para la avena: 15.4 contra 12.7; para la cebada: 11.5 contra 10.5; para las patatas: 92.3 contra 72 (2l). El latifundio de la sierra peruana resulta, pues, por debajo del execrado latifundio de la Rusia zarista como factor de producción.
La "comunidad", en cambio, de una parte acusa capacidad efectiva de desarrollo y transformación y de otra parte se presenta como un sistema de producción que mantiene vivos en el indio los estímulos morales necesarios para su máximo rendimiento como trabajador. Castro Pozo hace una observación muy justa cuando escribe que "la comunidad indígena conserva dos grandes principios económico sociales que hasta el presente ni la ciencia sociológica ni el empirismo de los grandes industrialistas han podido resolver satisfactoriamente: el contrato múltiple del trabajo y la realización de éste con menor desgaste fisiológico y en un ambiente de agradabilidad, emulación y compañerismo" (22).
Disolviendo o relajando la "comunidad", el régimen del latifundio feudal, no sólo ha atacado una institución económica sino también, y sobre todo, una institución social que defiende la tradición indígena, que conserva la función de la familia campesina y que traduce ese sentimiento jurídico popular al que tan alto valor asignan Proudhon y Sorel (23).

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